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jueves, 15 de diciembre de 2011

Abós: Usando a Messi para hablar mal de la Argentina y los argentinos

Messi es el argentino distinto. Si un argentino es un italiano que habla la lengua de Castilla, Messi es de los argentinos que podrían ser ingleses u holandeses. Es difícil delinear estos rasgos sin caer en los prejuicios o los clichés.

Así es como comienza el artículo que publica Alvaro Abós en El País. Forma parte de esas iniquidades que perpetran los Abós, los Sarlos, los Caparrós en medios extranjeros queriendo hacerse pasar, de alguna manera, como exiliados, desterrados; una suerte de nuevos Sarmientos que tienen que luchar contra la tiranía, escondidos detrás de las nuevas tecnologías que les posibilitan esta impostura.

Porque la impostura está ahí, a la vista, pòrque ¿Quién -de los lectores extranjeros- puede pensar que un argentino, hablando pestes de los argentinos y de los abusos de sus gobernantes, no esté exiliado?

Volvamos al primer párrafo:

Messi es el argentino distinto. Si un argentino es un italiano que habla la lengua de Castilla, Messi es de los argentinos que podrían ser ingleses u holandeses. Es difícil delinear estos rasgos sin caer en los prejuicios o los clichés. Desde ese punto de vista, un argentino (o quizás habría que decir un porteño) de caricatura es un tipo prepotente, malevo, llorón, astuto, tramposo y gritón. Se parece a cualquier personaje de la comedia italiana. Por ejemplo, a tantos caraduras como los que solían interpretar Vittorio Gassman o Alberto Sordi.

...un tipo prepotente, malevo, llorón, astuto, tramposo y gritón. Feo ¿no?

Pero.... Messi es de los argentinos que podrían ser ingleses u holandeses.
   
¿Habla de estos holandeses, descritos en el diario para el cuál Abós escribe en la  Argentina?


Pavada de holandeses. Abós: también eran holandeses (no voy a decir "los holandeses") los que ocuparon durante siglos sangrientos Indonesia, Surinam, Sudáfrica, en donde dejaron esa bonita herencia del apartheid. Todo es según el cristal con que se mire, u, holandesamente, de qué holandeses estamos hablando. ¿Los actuales, Abós? Aparte de estos barrabravas, en Holanda el partido más votado es un partido de ultraderecha, racista...

Ups, ahora que me doy cuenta, racismo, a ver las cosas que escribe Abós...
 
Barcelona y Nápoles son ciudades de gran cercanía geográfica, pero de índole bien distinta. La primera es ciudad del orden y la opulencia, de la armonía urbana. La segunda es ciudad de pasiones y desenfreno: bajo el desquiciado imperio berlusconiano, vive su total decadencia y yace aplastada por los detritus. Maradona, que fracasó en Barcelona, triunfó en Nápoles, donde es y será ídolo. Messi empezó a jugar en el Newell's Old Boys, club que fundó en 1903 el maestro inglés Isaac Newell's, pero se convirtió en Messi en el Fútbol Club Barcelona, fundado por el suizo Hans Gamper en 1899.

Mirá que viví años en España... ¡y siempre fue Joan Gamper (no Hans...)! O sea, para Abós auqnue "la primera (Barcelona) es ciudad del orden y la opulencia" , no le es suficiente: le hacía falta que el Barsa fuera fundado por el suizo...  La realidad es que Abós necesita que todo sea suizo.

Barcelona era la ciudad para Messi y el Barça su club. El Fútbol Club Barcelona es una institución tan grande que casi parece un Estado en sí misma. Si así fuera, se parecería más a un cantón suizo que a una república bananera.

Maradona y los Kirchner...

...los Kirchner usaron a Maradona (con su activo consentimiento) en la frustrada aventura de hacer del fútbol bastión del clientelismo político. Lo opuesto es la asepsia de Messi, que, protegido por la red institucional del Barça y la inteligencia de Guardiola, permanece ajeno a esos barros.

Párrafo repleto de falsedades y afirmaciones -en lo que a Messi respecta- absolutamente incomprobables.

Y esta?


Rosario tiene mucho que ver con el fútbol que corre por las venas de Lionel Messi. Porque, al margen de la identidad política de la ciudad, hay una identidad futbolera en Rosario, dividida en dos familias genéticas irreductibles, montescos y capuletos: los leprosos del Newell's Old Boys (entre los que se contaba el niño Messi) y los canallas del Rosario Central. Pero unos y otros cultivan una estirpe exquisita, simbolizada en estetas del balón como César Luis Menotti o Santiago Segura.

Jajaja, Montescos y Capuletos! Ahí la muerte, la violencia son shakespeareanas, no peronistas, no maradonianas, no kirchneristas. Pero sabiendo leer, Abós reconoce que en la Rosario socialista las barras también se matan...

La verdad, todo un revoltijo en el que Abós desvaría por una serie de lugares comunes que pueden ver en el artículo que está pegado completo debajo, y que deconstruye muy bien el autor del blog Cosas políticas .

Y Abós hasta la mentira no para: 

En los últimos años, en las canchas de fútbol, han muerto trescientos argentinos en feroces peleas o abatidos a balazos.

 Y vuelve a desmentirlo su propio diario, De acuerdo a La Nación, desde 1924 hasta el 2010 habían muerto 256 hinchas. ¿Qué son los últimos años, Abós?  Ponéle, ¿4? En los últimos 4 años, desde noviembre del 2007 murieron 30 personas.

30 personas es mucho, muchísimo, demasiado

Pero es la décima parte de 300. Y 300 son más que los que habían muerto en toda la historia del fútbol argentino.

Y entre los 256 están los de la puerta 12 (71)

¿Y esta otra joyita?

Estos lugares son el corazón de la inmensa red urbana porteña que con diez millones de habitantes, muchos de ellos hacinados en barracas, asfixia la moderna Buenos Aires. 

¡Hacinados en barracas (galpones)!, y...¡¡¡asfixia la moderna Buenos Aires!!! ¡qué bárbaro!!!

Qué pena esta reiteración, este veneno. 

Podría Abós haberse entregado con la historia del mural de Siqueiros, que él relata en su novela, y que Cristina remata con su restauración y exposición en la Aduana Taylor. Podría haberse despojado de los prejuicios y por lo menos, preguntarse "¿A ver quién más es esta mina, esta gente ruidosa, aparte de lo que yo tengo preconcebido?". Era un guiño casi para vos, Abós.

Pero no Abós, cumple lo qu él mismo dice. Como siempre, se delatan, y Abós lo hace desde el primer párrafo:

"Es difícil delinear estos rasgos sin caer en los prejuicios o los clichés"

Él, a la vista está, no lo consiguió. 

Sino, esta otra perlita

En cambio, Messi es un argentino tranquilo, voluntarioso, comedido, silencioso y digno, humilde y sereno... ¿Hay otros messis entre los argentinos? Sí, hay muchos. No sé si la mitad, pero desde luego muchos

Y, claro, porque el 54% es más de la mitad, y el restante 46%, desde luego muchos

Casi infantil la cosa...

Estos desterrados de mentira, Caparrós, Sarlo, Abós: encima son individuos que se siguen considerando a sí mismos como izquierdistas, como progresistas, mientras publican en La Nación o en otros medios de la derecha, y en medios extranjeros para maldecir a quienes gobiernan su país -patria no les cabe a ellos- y a la mayoría de quienes lo pueblan. Y no, señores, señoras, digan lo que digan, no se puede ser izquierdista, ni progresista, ni centro no sé qué  y publicar regularmente en La Nación. Se es de derecha, se da de comer a una editorial de derecha, se le da armas dialécticas a la derecha.Y cuando las cosas se ponen duras, se está con la derecha, con los que no dudaron en dar golpes de Estado, en asesinar, en desaparecer.

A ver cuando aprenderán que la pelea hay que darla desde adentro. Aunque para qué, en el caso de ellos, ellos simplemente no son lo que dicen ser.

PD: Soy fan de Messi, hooligan de Messi, ultra de Messi. Messi no tiene nada que ver con esto!

RH


Messi, el argentino diferente

ÁLVARO ABÓS 14/12/2011

Messi es el argentino distinto. Si un argentino es un italiano que habla la lengua de Castilla, Messi es de los argentinos que podrían ser ingleses u holandeses. Es difícil delinear estos rasgos sin caer en los prejuicios o los clichés. Desde ese punto de vista, un argentino (o quizás habría que decir un porteño) de caricatura es un tipo prepotente, malevo, llorón, astuto, tramposo y gritón. Se parece a cualquier personaje de la comedia italiana. Por ejemplo, a tantos caraduras como los que solían interpretar Vittorio Gassman o Alberto Sordi.

En cambio, Messi es un argentino tranquilo, voluntarioso, comedido, silencioso y digno, humilde y sereno.

¿Hay otros messis entre los argentinos? Sí, hay muchos. No sé si la mitad, pero desde luego muchos. No son genios del fútbol, pero son artistas, deportistas u hombres de cualquier medio que practican la mesura y la discreción. Por ejemplo, el técnico nacional, Alejandro Sabella; actores como Alfredo Alcón, bailarines como Julio Bocca o políticos como Hermes Binner.

Cada vez habrá menos maradonas y más messis porque los alevines que hoy descubre un ojeador de cracks son pulidos en fábricas como La Masia. Maradona, el salvaje, el loco, el imprevisible, sería hoy resocializado. Ya no hay lugar para los locos. Es cierto que esta transformación, la que va del futbolista en bruto al crack mediático de hoy, no es nueva, pues ya Jorge Valdano, contemporáneo de Maradona, se acerca, por su discreción, más a Messi que a Maradona.

Barcelona y Nápoles son ciudades de gran cercanía geográfica, pero de índole bien distinta. La primera es ciudad del orden y la opulencia, de la armonía urbana. La segunda es ciudad de pasiones y desenfreno: bajo el desquiciado imperio berlusconiano, vive su total decadencia y yace aplastada por los detritus. Maradona, que fracasó en Barcelona, triunfó en Nápoles, donde es y será ídolo. Messi empezó a jugar en el Newell's Old Boys, club que fundó en 1903 el maestro inglés Isaac Newell's, pero se convirtió en Messi en el Fútbol Club Barcelona, fundado por el suizo Hans Gamper en 1899.

Maradona vio la luz en el Policlínico Evita, de Lanús, y se crió en humilde barrio Fiorito. Estos lugares son el corazón de la inmensa red urbana porteña que con diez millones de habitantes, muchos de ellos hacinados en barracas, asfixia la moderna Buenos Aires. En Fiorito, hasta el último yuyo es peronista. Por eso, los Kirchner usaron a Maradona (con su activo consentimiento) en la frustrada aventura de hacer del fútbol bastión del clientelismo político. Lo opuesto es la asepsia de Messi, que, protegido por la red institucional del Barça y la inteligencia de Guardiola, permanece ajeno a esos barros.

Las Heras, donde nació Messi, está muy lejos de Fiorito. Las Heras es un barrio de clase media al sur de Rosario. Ambas ciudades son muy distintas. Buenos Aires es el gigantesco Goliat tumultuoso e ingobernable. Rosario, ciudad crecida como quien no quiere la cosa a orillas del gran río Paraná, es más apacible. Rosario, por no tener, no tiene ni siquiera fundador, cosa que la hace única entre las ciudades de la América española, que guardan con celo su escena primigenia: el conquistador plantando la cruz y cruzándola con su espada. Rosario fue haciéndose sola a partir de un puerto de paso, usado por cargueros que venían Paraná abajo en busca del río de la Plata y la salida al mar. Esa modestia urbana ha tenido su expresión política: Rosario es gobernada hace muchos años por alcaldes socialistas, sin que el peronismo extravertido y confuso pueda entrar a ese feudo.

Rosario tiene mucho que ver con el fútbol que corre por las venas de Lionel Messi. Porque, al margen de la identidad política de la ciudad, hay una identidad futbolera en Rosario, dividida en dos familias genéticas irreductibles, montescos y capuletos: los leprosos del Newell's Old Boys (entre los que se contaba el niño Messi) y los canallas del Rosario Central. Pero unos y otros cultivan una estirpe exquisita, simbolizada en estetas del balón como César Luis Menotti o Santiago Segura.

Barcelona era la ciudad para Messi y el Barça su club. El Fútbol Club Barcelona es una institución tan grande que casi parece un Estado en sí misma. Si así fuera, se parecería más a un cantón suizo que a una república bananera. La Masia es la marca de algo que es mes que un club. La Barcelona del Barça es la quintaesencia del seny (la cordura), aunque en el campo de juego Messi nos muestra la contracara del seny, la rauxa (arrebato).

Algunos hinchas argentinos se resisten a Messi. Expresan el salvajismo que impera en el mundo del fútbol argentino, que es territorio de corrupción y violencia. En los últimos años, en las canchas de fútbol, han muerto trescientos argentinos en feroces peleas o abatidos a balazos. Para estos energúmenos que han degradado al fútbol en escenario de guerras gansteriles, Messi es un pecho frío. "No siente la camiseta", dicen los desaforados. La casa de los Messi en Rosario fue atacada a balazos. Pintadas agraviantes contra Lionel se han visto en muros argentinos. Sucede que en la selección Messi parece un jugador banal, ya que el fútbol es un juego colectivo y Messi está también compuesto por sus compañeros, como un ser humano está conformado por huesos y músculos, por materia y espíritu. ¿Podrá Sabella ser el Guardiola de Messi?

"Cara sucia, cara sucia, cara sucia / te viniste con la cara sin lavar", dice un tango de Canaro. El apelativo, cara sucia, fue mucho tiempo el blasón de un tipo de jugador indócil pero iluminado del que el fútbol argentino hizo mito. Ahora Messi ha mostrado que se puede ir con la cara limpia sin mengua del genio. "Todo lo que sé sobre moral lo aprendí jugando al fútbol", decía Albert Camus. Desde ese punto de vista, los argentinos nunca le agradeceremos bastante lo que está haciendo Messi por nosotros.



Álvaro Abós es escritor argentino.

martes, 6 de diciembre de 2011

CONTRA LA IMPUNIDAD DE COBOS

El cabrón inerte se va.

Y pretende, al mismo tiempo, seguir con su perfomance protagotraidora hasta el último minuto. 

Su última y lastimosa apuesta: pasar de victimario a víctima, al intentar negociar su ausencia el día de la re-asunción de Cristina. Vano intento. Ël es el que tendrá que pasar por amarguísimo trago de poner la banda a Cristina, esa banda que creyó tener al alcance de la mano el día de su traición, casi obtenida cuando su inerte nombre viajaba de la boca de Biolcati a la de Grondona y de la de Grondona a la de Van der Kooy.

Qué gran humillación. Tener que coronar al soberano que intentaste matar.

Alguien preguntó a HV sobre Cobos, HV contestó con un exabrupto. Y por supuesto, es criticado, naturalmente por los medios que apoyaron el golpe de Cobos, pero también por parte de los nuestros. 

Argumento: que no hay que darle letra a la oposición ni a los medios hegemónicos.

Yo no lo veo así. Una cosa es que Cristina siga los procedimientos legales del caso, puesto que legalmente no puede hacer nada para que Cobos no le ponga la banda, otra cosa es que Cristina nos mande a callar si lo comenzamos a putear en el Congreso o en la plaza o en donde sea, que sería muy pertinente y además humillante -una vez más- para el cabrón inerte, ser defendido por el soberano al que quiso matar, y otra es que uno, desde estas páginas o cualquiera, incluido HV, delante de un micrófono pueda o no mentar la traición del cabrón inerte y declarar sus deseos para con su destino -el del cabrón inerte-.

Porque lo que hubiera significado la llegada del cabrón inerte al gobierno hubiera sido retroceder en todo lo avanzado desde el 2003, y no sé sino más atrás (el 83). Porque su poder hubiera residido en los medios y en la SRA, como nunca tal vez desde la primera década infame. Esto no merece indiferencia.

La secuencia es: Cobos no tendría que haber traicionado. Habiendo traicionado tendrúa que haber renunciado.No habiendo renunciado tendría que haber estado calladito.

Pero no. No cumplió nada, siguió traicionando mientras pudo, y si al final desapareció -excepto este intento de resurrección antes de su paso al basurero de la historia- fue porque quienes lo encumbraron la abandonaron.

Y tan claro es estos para nosotros, que La noche del 27 de octubre del 2010 estábamos llorando en la plaza, y puteando a Cobos porque ese cabrón inerte puso su miguita para que Néstor se muriera. Y esto ocurrió, y no puede ser soslayado. 

Los que se horrorizan porque lo puteamos a Cobos se alegraron pública o íntimamente por la muerte de Néstor.

No es suficiente "el olvido de la historia" para Cobos. No, es como lo otro, es "juicio y castigo a los culpables", en este caso, lo que se puede, lo que podemos, es puteada, sencillamente. Pero no se la puede llevar de arriba. No nos es indiferente, como no lo son los que lo inflaron para liquidarnos, para 
 quedarse con el país otra vez.

Que no son otros que los que bombardearon la plaza de mayo, los que aplaudieron del 76 al 82... (no digo 83 porque después de Malvinas habrá habido demasiada libertad para su gusto...). Y los que digan que en ese entonces no lo hicieron (una Sarlo, un Eliaschev, un Lanata), hoy se alinean en el bando de los que lo hicieron, comparten su barco y sus designios.

Como cieero pego acá abajo lo que publicamos en su momento. Un ayuda memoria. Y en rojo, pa' que resalte.

RH

Orozcobos

Contó los porotos
como tonto oró
lloró
con codo borró todo honor

VOTÓ NO

Por oro
votó por los otros
optó por los pocos
cooptó troskos (cómo no!)
rodó por lodo, volcó
votó por otro robo bochornoso

VOTÓ NO

los otros como loros
con coros chotos
¡Cobos, Cobos!

nosotros con dolor, por todos

Cobos,
sos horroroso
como los Orozco
no como Rodolfo
sos como los otros

bobo, fofo como moco
¡otro forro como Colo!
sos soso como Fort
con poco sol


yo no lo voto, Cobos

no somos pocos
somos los cholos,
somos los locos,
somos los trolos,
por poco no somos todos

vos no

vos sos sólo Cobos
Orozcobos
¡horror!

jueves, 26 de mayo de 2011

La insoportable levedad de Beatriz Sarlo

Lo primero: aquí hay un malentendido.

678 no es un programa de opinión. Ni siquiera es un programa periodístico en sentido estricto: es un programa sobre cómo tratan los medios hegemónicos la realidad contrastando sus mensajes con los emitidos por otros medios o provenientes de otras fuentes. Y con una intención muy clara, enunciada por la presidenta en el 2008, durante el conflicto de la 125: la necesidad de contar con un observatorio de medios para no seguir indefensos ante tanto desmán mediático. Este rol fue cubierto sobradamente por 678, transformándose en el fenómeno que todos conocemos.

Por tanto no es la cancha en la cual jugar un partido ideológico con Sarlo; no tiene el formato apropiado, los panelistas son muchos, los temas a tratar son los que manda la actualidad y no los que permitan desnudar las contradicciones del pensamiento sarliano.

Sarlo entendió perfectamente esto, y fue a hacer lo que quería hacer, que era ajustarse al formato para desacreditar los contenidos y con ello el programa todo. Por desgracia, la producción se la dejó picando: el informe sobre España estaba compuesto casi en su totalidad por extractos de medios muy minoritarios y de extrema derecha. Incluso se inducía al error  poniendo un cartel arriba que decía "TV española", cuando Televisión Española es la televisión pública, en general mayoritaria y que no estaba representada en el informe, como no lo estaban el resto de los canales masivos exceptuando La Sexta (la chica hermosa). Ni tampoco lo estaba la prensa escrita mayoritaria, como El País, El Mundo, ABC.

O sea, Sarlo hizo lo que quería hacer: decir lo que quería decir. Y lo que quería decir era que 678 es un programa parcial, que los medios no son tan importantes, y enunció esto incurriendo en lo mismo de lo que acusaba al programa, que es citar "estudios" que lo demostrarían sin citar quién hizo esos estudios, cuándo, etc. Y usó otro argumento que es el colmo de la levedad autorreferencial: ni ella ni en general los columnistas de opinión son leídos. Y esto, siendo cierto, encubre lo falaz del aserto: los medios no crean opinión a través de sus columnas de opinión valga la paradoja; ni siquiera a través del contenido de las notas periodísticas. La crean a través de los titulares y las bajadas, que están casi siempre a cargo de los editores (los que determinan la línea editorial del medio) y no de los autores de las notas.Y de esto se ocupa muy eficientemente 678.

Entonces, partiendo del hecho de que 678 no es el marco adecuado para una discusión de este tipo, el (no)debate se transformó en un lugar  en el cual cada uno se dijo en la cara lo que hasta ahora se había dicho mediáticamente. Y la realidad es que no sabemos más de lo que piensa Sarlo sobre lo que pasa que lo que sabíamos hasta ahora, porque no dijo nada que no diga cualquier tilingo (en sentido estricto), que la BBC y otros medios extranjeros sí son objetivos pero que no se ocupan de la Argentina porque les interesan más otras cosas. Y, cebándose, dice que los medios alemanes sí se ocupan de la Argentina, dando como ejemplo a "Die Zeit", que dicho ahí suena muy bien pero que es bastante incomprobable para los espectadores; soslayando además que es un diario muy minoritario. 

Pero resulta que sí es comprobable (que lo de Sarlo es otro enunciado ligero). Escribiendo "Cristina Kirchner"en el buscador online de "Die Zeit"  (pueden comprobarlo aquí) , la última vez que sale es  el 28-10-2010, con la nota sobre Néstor "El presidente en la sombras" (Der Schattenpräsident). Es probable que ese día, tristemente, haya salido en todos los medios mundiales. (Bueno, sí, después salió mencionada con el Dakar, pero esa me parece que no cuenta). O sea, Sarlo se inventa algo que suena muy intelectual para desmentir a sus contertulios.

En resumidas cuentas, hagamos la lista de las cosas que, después de ver a Sarlo en 678, aún no sabemos.

No sabemos por qué considera que "la batalla cultural" la ganó el kirchnerismo; en qué consistía esa batalla, ni siquiera basándonos en lo que escribe y dice en otros medios. Si la batalla cultural se ganó -según ella- a través de 678 y su facebook, entra en contradicción absoluta con su propia definición respecto de que los medios no influyen, siendo 678 un programa de televisión, o sea, un medio, y así como lo son en sentido estricto las redes sociales a través de las cuales el fenómeno se multiplicó.

Sarlo no analiza, o por lo menos no hace públicas sus ideas de porqué el kirchnerismo caló tan hondo en la sociedad y sobre todo en los jóvenes, sólo a modo de desvalorización enuncia lo que el kirchnerismo ha hecho para cooptarlos. No profundiza en las necesidades de ese colectivo ni en su participación en la construcción de un ideario y su puesta en práctica.

Si evaluamos su propia tarea como investigadora podría decirse que ni siquiera practica una sociología cuantitativa, en el sentido de saber cuántos somos y dentro de eso, cuántos pensamos qué cosa y porqué. Casi podría decirse que ejerce una estadística básica ("la batalla cultural la ganó...) y a partir de ahí, la tarea de una especie de entomóloga que sabe lo que hacen las hormigas pero que -naturalmente- es incapaz de saber lo que piensa una hormiga y de ponerse en su lugar. Carece absolutamente de empatía con las masas, y esa carencia le imposibilita explicarnos.

Y esto intenta disimularlo ejerciendo un populismo chic de quien viaja en colectivo todos los días, a todas partes y a cualquier hora

Tampoco sabemos porqué votar a Carrió es un voto institucional; porque no sabemos lo que son las instituciones para Sarlo (ni para Carrió).

Así como Silvina Walger, quien destrozaba al menemismo por su mal gusto, por su impertinencia a la hora de ocupar un lugar estético sólo reservado a quienes ella misma determinaba, Sarlo hace lo mismo desde una posición intelectual, descalificando a priori cualquier posibilidad de cambio social desde el kirchnerismo, y con la misma carga de prejuicio. Y queda tan descolocada como Lanata, de quien acertadamente dice Sandra Russo que era fácil escribir en contra del menemismo.

Estos factores constituyen para mí, la insoportable levedad de Beatriz Sarlo.

RH

sábado, 7 de mayo de 2011

La batalla cultural

Mi querido tocayo autor del blog "Los Huevos y las Ideas" confronta atinadamente con Sarlo a través de una entrevista que se le hiciera no sé donde -vayan al blog de Ricardo y ahí lo verán-. En ella Sarlo se vanagloria de ser la autora del concepto "batalla cultural" y sentencia que el kirchnerismo ganó esa batalla. Sin embargo, esa Intelectual Tan Intelectual no nos dice en ningún momento de qué iba esa batalla, qué es lo que se dirimía, lo que habla muy mal de sus Dotes Intelectuales. Sólo dice que "había una batalla y ganaron los malos"; es cierto que no dice los malos, pero posteriormente, deja bien claro que va a votar a cualquiera menos a Cristina, usando conceptos tan lights y tirando a ambiguos como "el voto institucional".

Viene de perlas para poner en evidencia lo insustancial de la Intelectual Sarlo esta nota -para mí extraordinaria- publicada por Luis Bruchstein hoy en Página 12, titulada "Bajadas", de la que transcribo enteros unos párrafos:

...aparte de las proyecciones electorales también ha cambiado la ecuación en el debate de la cultura. Hay una hegemonía histórica que se expresó a través de los grandes medios que está claramente cuestionada. No ha sido superada ni mucho menos, pero lo que antes toda la sociedad, con muy contadas excepciones, asumía como natural, ahora está en discusión. Están en cuestión los mismos medios, porque surgió un punto de vista diferente que a su vez permite la expresión de otros más.
En los debates entre intelectuales o en columnas de medios opositores suele aparecer la queja de que ahora el kirchnerismo se colocó en situación de juez y decide quién es de izquierda o progresista y quién no. En realidad, lo que se acabaron son las franquicias. Hay espacios generados por un consenso en el que intervienen también las voces hegemónicas y hasta las academias, que otorgan esas franquicias de quién es de izquierda y progresista. No porque esas izquierdas o esos progresistas fueran parte de un esquema conservador, sino porque los conservadores son los que deciden verlos así y como ese pensamiento es hegemónico, hace aparecer lo que genera como algo natural, razonable y de sentido común. Lo que ese esquema no acepta se presenta como lo contrario a todo lo anterior: como aberrante, irracional y absurdo.


Gran parte de esa izquierda y ese progresismo recibió al kirchnerismo, atacándolo en defensa de una franquicia que le hubiera otorgado “la sociedad” como sistema hegemónico de ideas. Y lo discutieron desde ese sentido común hegemónico, con un gran desprecio y con odio: “Nosotros somos la izquierda y el progresismo, ustedes son todos corruptos o farsantes”. Los ocho años de kirchnerismo, donde se concretaron muchas de las aspiraciones históricas del progresismo y la izquierda, lo que hicieron fue poner en cuestión ese sistema de ideas hegemónico y por lo tanto la concesión de esas franquicias automáticas. No porque esa izquierda o ese progresismo no lo hayan sido o hayan dejado de serlo, sino porque no son los únicos, y además porque en determinadas situaciones demostraron que estuvieron más enfocados en mantener esa franquicia de la cultura hegemónica, o sea, más preocupados por ser “aceptados” como de izquierda y progresistas, que de actuar como tales.

Una parte de estas corrientes de pensamiento recuperó su propia voz en esos cambios de escenarios, sin coincidir con el kirchnerismo, pero tratando de alejarse de la condescendencia hegemónica, es decir, trata de no aprovecharse de ese lugar que le concedió su supuesto oponente conservador y derechista. En ese plano se establece un debate más enriquecedor de ida y vuelta.


Pero hay otros sectores del viejo izquierdismo y progresismo que han tomado al kirchnerismo como su principal enemigo. Desde ese lugar, algunos de ellos se sumaron a las concentraciones de las clases altas porteñas en Palermo durante el conflicto por la 125, o atacan cínicamente a los organismos de derechos humanos, o defienden a las corporaciones enfrentadas con el Gobierno, como Clarín y Techint. Muchos de ellos han hecho declaraciones públicas en este sentido. Ese es un espacio cuyo izquierdismo o progresismo está en discusión más allá de sus discursos o trayectorias. Son corrientes que han quedado junto a la derecha, y funcionan como izquierda de la derecha, al punto de que no tienen prurito en coordinar su accionar con la derecha en el Congreso priorizando su oposición a una fuerza que ha ocupado, pese al sentido común hegemónico que se lo negaba, un espacio en el centroizquierda.

Son escenarios todavía fluidos, donde lo que se ha logrado ha sido poner en cuestionamiento una cultura hegemónica, que sigue siéndolo. Pero ahora es posible la existencia de muchos puntos de vista. La diversificación que se genera ahora es democrática, no se trata de que haya periodistas a favor o en contra del Gobierno. Se trata de que los diversos puntos de vista que siempre existieron forjados por procesos culturales o por intereses concretos ahora están expuestos como tales. La uniformidad profesional que existía antes estaba regida por ese sentido común hegemónico. Es bueno que haya periodistas e intelectuales que piensen diferente y que cada quien lo haga con responsabilidad, honestidad e idoneidad. No es que el único profesional solamente sea el que está en contra del Gobierno. Eso es un engañapichanga de muy bajo nivel. Pensar diferente no quiere decir que uno sea periodista militante y el otro no, aunque también puede haber periodistas militantes de cualquier idea como siempre los hubo.

Excelente ¿no?

RH