jueves, 23 de abril de 2015

AMARIYOS



“Apenas veo el amarillo”, decía Borges en su queja cínica y burlona ante la certeza feróz de la ceguera. Algo de envidia se nos cuela en el sentimiento, ojalá apenas viéramos el amarillo… 

La cuestión, señores, es que en estos días Florida es una fiesta… una fiesta de cumpleaños. Si ud por ejemplo, se para en Av de Mayo y Perú y mira en dirección a Rivadavia verá, por el raro efecto que provoca el hecho incontrastable de que Buenos Aires no es una planicie, un sinfín de sombrillas y racimos de globos del PRO. Es la céntrica calle en la que se disputa ostensiblemente la interna entre la sufrida Gabriela Michetti y el elegido Horacio Rodríguez Larreta. Y todo es amarillo. Si hasta da ternura una mesa perdida por ahí del Frente de Izquierda subsumida en el torbellino del oficialismo porteño.

Chicos y chicas con casco de obra (amarillo) que dicen “Horacio”; chicas y chicos con remeras (amarillas) que con el pecho en alto dicen “Gabriela”. Con esa pinta de universitarios descontracturados, miembros de onegés que salvan ballenas y cuidan que no se derrame el petróleo en todos lados menos en Malvinas, bellos y bellas cool como recool es la política PRO que no parece hecha de política. Vea usted señor, así son estos chicos que no los trajo la muerte de Néstor sino la de las ideologías. “En equipo” o “eligiendo vos” va la bífida propuesta para el futuro de la misteriosa e inmisericorde Buenos Aires. 

Y un día de esos le tocó ver a uno el corso a contramano de una columna de la UOCRA que pasab por Av de Mayo, ellos con casco amarillo (pero de los que se usan para laburar) y pechera amarilla, negros enjutos y afilados, negros achinados y de profundis conurbanis que miraban a sus hermanitos de amarillo sin comprender absolutamente nada. Y vuelvían a su mutismo mirando para otro lado, que después de todo venían a reclamar por algo. 

Uno sigue en tren de paseo, va por ejemplo el sábado de un lado a otro haciendo esas cosas que quedan colgadas en la semana, va en el transporte público por Rivadavia viendo mesas y mesas y mesas amarillas (con esa franja verde tan llamativa que usan, vió), anque de tanto en tanto aparecen mesas de otros candidatos pero muy, muy menos. Y en ese aquelarre amarelo se va dando cuenta que Horatius triplica a la siempremaltratada Gabriela (iba a poner “Gabi” pero un “alto”  de alto respeto por gente con más prosapia y más honor impide rotundamente ponerlo, el que pueda entender que entienda). Hay mucho aparato, ¿no?

Pocas veces vi algo tan patético (si lo vi, pero impresiona más abril así la frase), un fulano de tantitantos años así como uno, soplando como un descocido para inflar los globos y decorar la sombrilla. El veterano ya andaba medio violeta, me di vuelta buscando al SAME pero por suerte no hizo falta porque tras una larga respirada los colores le volvieron. Repartir globos, enorme propuesta política. Dirán que es alegría, fe en el futuro, que la gente los recibe porque así manifiestan su apoyo… y tal vez tengan razón, o algo parecido. En el mismo recorrido, pero ya de a pie, uno ve y la experiencia le da un conocimiento bastante cierto sobre las miradas y actitudes corporales. En muchos morochitos repartiendo boletas amarillas se ve el billete, en algunos blanquitos que empilchan en la salada también. Cautivos de la derecha que fue de malón al sur de la ciudad y se los alzó en los carromatos que llevaban el rancho. De paso, ¿sabe usted cómo nombraba la indiada a la Conquista al Desierto de Roca? Decían “huinca malón”. Qué cosa…

Los militantes de veras (de derecha, amarillos) son esos que acomodan, señalan, controlan, pasan de sombrilla en sombrilla. Y otra cosa son las promotoras, ese reciclado estereotipo de la rubia tarada. 

Y usted pensará: ud Edelmiro es un resentido… 

Y quizá.
Edelmiro F.

miércoles, 22 de abril de 2015

Un sentido para la campaña ... y mas allá



La presente reflexión en letra alta (ya que no es en voz alta) sería una línea más para completar el cuadro que nos permita entender el voto próximo en la Ciudad de Buenos Aires (en las PASO y en las definitivas) cuyo resultado es claro y (amargamente) previsible. Entender para pensar las propuestas y las campañas.
Sin haberlo propuesto tal vez complemente lo escrito por nuestro recientemente re resucitado Edelmiro en el posteo anterior. Ya que Edelmiro se preguntaba (sumando y descartando) hipótesis sobre las razones de los votantes y de nuestros enojos hacia ellos.
Haremos uso, pediremos prestado, algunos elementos de esa disciplina: la psicología. No tanto de sus habituales marcos teóricos difundidos en el país, sino más bien de tipo “psicosocial”.
Antes también diremos que (como en varias oportunidades) aceptamos que la pólvora ya se inventó: No revelaremos “LA incógnita”, sólo volveremos a apuntar la linterna a modo de recordatorio.
Pues bien, a las escenas entonces: Vemos el metro bus, vemos la gente esperando, viendo, tomando, disfrutando, el metro bus. También vemos que “hace cola para esperar el colectivo”. Retener esta última frase e imagen: “cola” y “colectivo”. Bajamos al pasaje “obelisco sur y norte”, una pinturita. Recorremos Maipú, Suipacha (y próximamente Esmeralda): vemos cambios en la calle, en la velocidad de circulación de los vehículos y el andar de la gente. También las bici sendas y las bicicletas. Algunos Centros de Salud se les cambió la fachada (también retengamos el significante “fachada”, al final me estoy poniendo más lacaniano de lo que imaginaba) amarillenteándolos. Agrego más: Se propone y avanza un sistema de turnos informatizado para CADA VECINO/PACIENTE que llama. Otra: La “gente” se anota (se debe anotar) “on line” para inscribir a sus chicos en las escuelas iniciales y primarias.
En todo estás VOS. (remarco “vos”). Qué lindo, qué cómodo, me viene bien, me soluciona algunos problemas. No quiero engancharme en otras cosas, en otros problemas (aunque sólo sean de índole ideacional), no quiero otras complejidades. A mi hablame claro y sin vueltas, y, si me conviene lo voto, punto.
Seguramente los seguramente pocos lectores de estas atolondradas líneas ya olfatearán. Claro, nos referimos a la apelación a lo individual por excelencia. Ya es sabido: la ideología liberal (todavía no sé que tiene de “neo”) se basa en la exacerbación del individualismo. Los ’90 lo explotaron (“yo me salvo, el resto es política, que a no me sirve”).
Y es muy difícil que alguien modifique una cosmovisión, los valores de su vida de hegemónicamente individualista a “colectiva”. No alcanza sólo una campaña (incluso una campaña, la nuestra, tal vez tenga que usar parte de esos mismos valores individualistas a los fines prácticos y expeditivos en coyunturas especificas, obteniendo así con frecuencia mayor efectividad). Volviendo: “¿Porqué voy a cambiar, EN QUE ME CONVIENE?”. Respuestas que vayan en la línea de “porque a vos también te conviene votar al proyecto nacional”, puede ser cierto. De hecho lo es mas allá de las deformaciones por las cuales la ideología dominante te haga creer que lo que te conviene, no te conviene. Pero no alcanza para que nos voten.
Pero el desafío más difícil aún sería superar la lógica de que a vos te conviene votarnos, para pasar a una especie de “esto tendría que ser de este modo”. Casi que llegamos a la brutalidad que nuestro Edelmiro nos endilga a varios militantes los cuales a veces parecemos decir o pensar: “votá esto o sos un HdeP”. Pero muy tajantemente hablando esos militantes tienen razón. Es decir no sólo va la cosa por la línea de la argumentación racional, y por lo tanto, el convencimiento de que a vos te conviene votarnos. O incluso la perspectiva emocional, etc. Sino (y aquí vengo): por la otra lógica, la que por ahora denomino la del “sentido”, de la causa, de la trascendencia. Sentirnos colectivo, sentirnos contenidos. Si recuperamos ese sentido (que alguna vez tuvimos más desarrollado) habremos ganado mucho más que una elección. Ese es el sentido profundo y de dicha que tiene “la patria es el otro”.
Una de las orientaciones de la Psicología Social aplicada es la de la Psicología Comunitaria.
Antes, para enlazar uno de sus aportes, describamos (mas desde lo vivencial) los ejemplos arriba adelantados. Son extraídos de lo observado en la calle. Imágenes, elementos, hechos o cosas. Todo bien. Pero lo que uno añora es por no encontrar conexiones contenedoras entre estas “comodidades”. Un barrio “perfecto” de clase alta, o “acomodada”, lindo, eficiente y, (por más que el macrismo lo intente disimular con sus artimañas de la visita a “Cacho”) también suele ser frío. Máquinas expendedoras de tus necesidades. Los supermercados (que muy raramente son de los chinos que serán sucios pero lo más parecido que nos queda al viejo almacén) son grandes, limpios, eficientes. No tenés la molestia de tener que saludar al que vive arriba de tu departamento porque ni lo conocés. Te conectás durante el día por medio del celular, y, al llegar a tu casa por internet. Ves series, llamás al delivery y la vida sigue. Hermoso, cómodo, eficiente, me sirve. ¿Y porqué a veces me siento tan sólo? O peor ¿Hace cuánto que ya parece que no siento?. Todo de a uno, incluso las imágenes y los materiales, poco encuentro. (En este punto detenga su lectura y vaya al final, a la nota de referencia, se lo recomiendo muy especialmente)[i]. A Beto le faltaba el alma, sentirse con otros, un sentido. Estaba cómodo el chabón todo funcionaba pero …. no tenia sentido. “La triste estampita de un santo”. Lo máximo en religiosidad (y ningún gil entienda que estoy hablando de religión sino esa rara condición/necesidad humana de sentirse junto a otros y a algo) que propuso el macrismo se configuró en el marco de una cómoda, masiva (adviértase la diferencia entre masivo y juntarse) propuesta: Que cada uno sepa respirar, y que “si sucede conviene”, que eran las consignas que alentaba el nuevo Raví Shankar (homónimo del excelente músico).
Nuestra campaña dice algo así como “para vivir mejor”. Está bien. También podemos dar vuelta la frase y por ahí nos abre algo de los interrogantes que pretendo: “Vivir mejor para…” en búsqueda del sentido. Creemos que crecemos si queremos vivir mejor no sólo para nuestro núcleo sino para la comunidad. Volveremos sobre “comunidad” brevemente. Antes recordar otra de las frases que tiene que dejar de ser sólo consigna: “nadie se realiza en una sociedad que no se realiza” (o algo así). Porque por las dudas aclaro que la trascendencia, el sentido por el que tendríamos que apostar y construir no es el de buscar “arriba”, en el más allá, ni tampoco en las pajeras reflexiones de corte existencial. Insisto, lo adelantó claramente la Jefa: “La patria es el otro”, el otro, los otros acá, a la vuelta.
Lo que aquí he venido intentando es conectar en definitiva ciertos aportes de la Psicología Comunitaria para sostener e impulsar bases más firmes con las que construir las propuestas políticas. Esto en tanto considero que los espacios en los que militamos tienen las referencias de lo colectivo. Para llegar a “La comunidad organizada” es necesaria la existencia de la comunidad. No la suma de las individualidades.
El neoliberalismo se apoya, entre otros paradigmas, en un polo de la vieja disputa de la Psicología Social. De un bando quienes entendían que lo social era la suma de individuos (el autor: Tarde) y los que concebían que lo social tiene una entidad propia casi llegando al extremo de la cosificación desindividualizante (con Durkheim a la cabeza).
Ya más cerca en el tiempo y como disciplina de aplicación, la Psicología Comunitaria discutió el concepto mismo de Comunidad. Simplemente, y a modo de apoyo de lo ya expresado mencionaré a un psicólogo norteamericano (Robert Newbrough), si, norteamericano ¿y qué? que supongo que votaría por los demócratas y al que imagino disfrutando a Wody Allen. Decía que era importante pensar como entendemos y como se entiende “comunidad” siguiendo dos grandes metáforas. La de la órgánica, de fuertes lazos, con el imaginario, con la representación social de totalidad. Pensemos en un pequeño pueblo. Le veía ventajas y desventajas. Las ventajas eran justamente la pertenencia, la solidaridad, el sentido de destino común. Las desventajas se podrían resumir en “pueblo chico, infierno grande” y que su exacerbación totalizante podría llevar a una de sus patologías más serias como el fascismo (es yanqui después de todo ¿qué querés?). En el otro extremo del ring estaría la visión de comunidad heredera del contrato social y el auge de las libertades individuales (corregime Edelmiro mis inexactitudes históricas). Cada uno es libre y establece con la sociedad un contrato. Bárbaro, me conviene dirían los mauricios y sus votantes. Pero el bueno de Newbrough también  advertía riesgos aquí. Son los de la exacerbación del individualismo. También agrega lo de la desocupación y las patologías sociales (no me gusta llamarlas así) como las adicciones por ejemplo. Propone algo superador, valorable pero medio naif. Conociéndonos y conociendo nuestra historia prefiero acercarme al primer polo (con los cuidados necesarios). Claramente las referencias del autor también nos ubican en lo feudal (la primera) y el capitalismo (la segunda). Así que creo que estaría bueno acercarnos un  poco más a la de la metáfora orgánica.
Para no abrumar mas pero seguir apoyándome en gente seria (y no como uno), diré que otra Psicóloga Comunitaria muy prolífica, muy bien fundamentada y muy antichavista, la Venezolana Maritza Montero cuando le tocaba hablar de estos temas recurría a la necesidad de reconocer y promover en las intervenciones de la Psicología Comunitaria lo que ella denominaba “Sentido de comunidad”
Para hacer y mantener el link con lo político traeré algunas citas de nuestro querido Ricardo Forster en la última “Veintitrés”:
Para empezar:
“…lo que el neoliberalismo liberó fue la dimensión radicalmente individualista y anárquica…”
Y fundamentando: “Los historiadores….””…de la escuela francesa…” “…mostrado que lo que mas tarda en cambiar, lo que les hace más resistencia a las transformaciones de superficie o a las mutaciones económicas son lo que ellos han denominado ‘las mentalidades’ …”
Y sigue mas adelante: “No casualmente es la derecha la que siempre recuerda que el verdadero terreno de la disputa es el que tiene que ver con el ‘sentido’…”. “La novedad del Kirchnerismo ha sido, entre otras cosas, que supo comprender, en el momento de mayor dificultad, que sin dar esa batalla cultural sería muy difícil invertir los términos de la dominación en la Argentina y que, tarde o temprano, la matriz neoliberal (en su dimensión de producción de subjetividad) regresaría recuperando el terreno perdido…”
 Específicamente a modo de apoyo de lo que aquí planteamos: “El predominio de una ciudadanía basada en la alquimia del individualismo, consumismo, mercado y privatización de casi todas las esferas de la vida social fue generando las condiciones para una significativa mutación en las prácticas ciudadanas hasta producir modos y formas que desarticularon a aquellas que venían a expresar las experiencias y las tradiciones de una sociedad todavía atravesada por los lenguajes de la política y de las identidades culturales vinculadas a ese universo de representación y acción”
Tomamos como conclusión de Forster entonces: “El surgimiento del ciudadano-consumidor, personaje muy de época, autorreferencial, egoísta, moldeado por las gramáticas audiovisuales, las mutaciones comunicacionales e informáticas y los prejuicios multiplicados junto con la fragmentación de la sociedad (el subrayado es mío), se convirtió en el garante de la lógica de mercado, en epicentro de una nueva forma de ciudadanía que al expandir sus prácticas privatizadoras de la existencia destituyó, por anacrónicas e inservibles, las experiencias políticas entramadas en el espacio público y deudoras de construcciones simbólicas desplegadas en otro tiempo de la historia, allí donde los sujetos, diversos, manifestaban en sus prácticas modos de afirmar sus identidades y sus deseos de igualdad. La idea misma de un colectivo social, de un ágora como eje de la vida en común cayó en el descrédito y en el desuso allí donde lo que se privilegió fue lo privado, lo íntimo, lo encriptado, el espacio diferenciado, socialmente delimitado construido sobre las bases de la desarticulación y la fragmentación propias de un modelo, el neoliberal, que asentó su despliegue y su dominio no sólo en el imperio de la economía y el mercado (su razón última de ser) sino acentuando y radicalizando una revolución cultural que vino a subvertir las herencias igualitaristas de una sociedad que marchó con ritmo frenético hacia su disolución”.
Quisiera terminar este artículo. Eso. Pero antes quisiera terminarlo retomando algunas de las pinceladas escritas al inicio.
Creo que lo que yo pretendía se resume en algunos juegos de palabras. Sartre era uno de los que diferenciaba lo que podríamos llamar simple amontonamiento (“serie” en sus palabras), de grupo (colectivo en las nuestras actuales).
Justamente el ejemplo que daba era el de que aunque uno podía ver varias personas en un mismo espacio físico al mismo tiempo, esto no constituía necesariamente un grupo. Justo ahí casualmente el ejemplo de la cola de un colectivo. Sería la serie de uno más uno, más uno. Y yo jugaba con la palabra de que aunque están esperando el bondi, este no es un “colectivo” tampoco. Aunque sea el metro bus.
Con el término “fachada” con que el macrismo pinta, de amarillo, los centros de salud también jugué con la connotación “facho”. Pero esto no es lo central. El ejemplo que había traído respecto de la modalidad informatizada de los turnos es un buen ejemplo de esta concepción llevara a la práctica en la aplicación de una política social como la de la Salud Pública. Podemos ver muy claramente las dos concepciones. Una hegemónica, la amarilla. Y otra la nuestra. El turno informatizado uno a uno parece y tal vez sea muy cómodo. Pero aplicado como concepción, generalizado y hegemónico seria antagónico a los Centros de Salud del primer nivel de atención que se manejan con el modelo colectivo de la Atención Primaria de la Salud, originalmente social y colectivista. Apuntando a la participación y a un concepto de profesional que no se restringe a la atención paciente a paciente. De ese modo, si se le adjudica toda su carga horaria con este esquema se imposibilitarían las tareas como visitas a las comunidades, las de realización de talleres, el estímulo a la participación comunitaria en áreas de su interés y claramente de tipo promocional. Es más si se le pondría a consideración de los vecinos, los potenciales pacientes, es probable que dirían: Me conviene la modalidad individual de los turnos. Claro, porque la otra concepción hay que instalarla y es contra hegemónica. Pero apunta a otro tipo de Salud Pública a la larga mucho mas integral, eficaz y eficiente.
Conclusión: No siempre hay que hacer lo que el pueblo quiere. Con lo que estoy cuestionando una de las 20 verdades peronistas. Pero respeto otras como por ejemplo, “nadie se realiza en una comunidad que no se realiza”
Un abrazo
Eduardo Tissera


[i] El anillo del Capitán Beto
Ahí va el Capitán Beto por el espacio,
con su nave de fibra hecha en Haedo.
Ayer colectivero,
hoy amo entre los amos del aire.

Ya lleva quince años en su periplo;
su equipo es tan precario como su destino.
Sin embargo un anillo extraño
ahuyenta sus peligros en el cosmos.

Ahí va el Capitán Beto por el espacio,
la foto de Carlitos sobre el comando
y un banderín de River Plate
y la triste estampita de un santo.

¿Dónde está el lugar al que todos llaman cielo?
Si nadie viene hasta aquí
a cebarme unos amargos como en mi viejo umbral
¿Por qué habré venido hasta aquí, si no puedo más de soledad?
Ya no puedo más de soledad.

Su anillo lo inmuniza contra el peligro,
pero no lo proteje de la tristeza.
Surcando la galaxia del Hombre,
ahí va el Capitán Beto, el errante.

¿Dónde habrá una ciudad en la que alguien silbe un tango?
¿Dónde están, dónde están
los camiones de basura, mi vieja y el café?
Si esto sigue así como así, ni una triste sombra quedará,
ni una triste sombra quedará.

Ahí va el Capitán Beto por el espacio,
regando los malvones de su cabina.
Sín brújula y sin radio,
jamás podrá volver a la Tierra.

Tardaron muchos años hasta encontrarlo.
El anillo de beto llevaba inscripto un signo del alma.

El flaco, Luis Alberto Spineta

viernes, 17 de abril de 2015

Ciudad Los HdeP




¿Qué sooomooooss?
¡kirchneriiiissstasss!
¿Qué quereeemooooss?
¡Ganaaar la Ciudaaaad!
¿Cóooomo vamos a haceeerloooo?
Eeeehhhhh…. 

¿Por qué no ganamos la Capital?... ¿por qué el Frente para la Victoria no puede ganar en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires?

Esta pregunta de fondo -aún sin respuesta aceptable- nos ha perseguido como una sombra antes, durante y después de cada elección. LA que viene no será la excepción; es mejor que podamos comenzar a responderla y pronto porque los tiempos electorales ya comenzaron a rodar. El 26 de abril próximo serán las PASO (primarias abiertas, simultáneas y obligatorias); el 5 de julio la elección de legisladores (la mitad del cuerpo, es decir, 30 bancas) y Jefe-vice Jefe de Gobierno; y el 19 de ese mismo mes la segunda vuelta para las última categoría de no haber obtenido el 50% más uno de los votos en el primer turno. 

Así las cosas, saber por qué no se gana y qué debe hacerse para ganar es un asunto de máxima importancia. No podemos ya –piensa este fulano- blandir a nuestro eterno y perdedor candidato D. Filmus que, encima, es el mejor que hemos tenido (conservó un nada desdeñable 30%, que tampoco alcanza), para sacarlo al frente de nuestros votos como si fuera el Cid Campeador. Candidatos hay, buenos y variados (tenemos preferencias, pero no es ese el objeto de la reflexión).

¿Cómo nos hemos explicado hasta ahora esta persistente renuencia al triunfo? 

Dice uno por ahí: “la Ciudad de BA es históricamente antiperonista”. Y como el kirchnerismo es esencialmente peronista, corre con la misma suerte que cualquier peronismo. Eso es porque la Ciudad ha sido históricamente radical. Es cierto que su primer Jefe de Gobierno electo fue un radical (Fernando de La Rúa); pero es cierto que antes, cuando se dependía del PEN y del Congreso de la Nación, desfilaron conservadores de toda laya, radicales y peronistas. 

Ahora si por antiperonista queremos decir “gorila”, es posible que sociológica y burdamente estemos arrimando un bochín casual. De todas formas, la fobia al peronismo no es de tal magnitud como para justificar el no triunfo, vale si como elemento a tener en cuenta. Habría que pensar en Germán González (ganador de elecciones legislativas nacionales por el peronismo en épocas de Menem) y, por qué no en gente como Santilli (senador) y Ritondo (vicepresidente 1° de la Legislatura porteña), ambos “peronistas” del oficialista PRO. 

Si alguno me dice que entonces la gente se banca peronistas sólo si se parecen a liberales (o lo sean), estamos de acuerdo, al menos en principio. 

Como razón, no me parece muy sólida, vamos a otra: “al electorado de la Capital, no le importa lo ‘público”, porque no usan los hospitales ni la educación pública. Lo “público” ha quedado para los pobres, los marginados, los extranjeros latinoamericanos residentes y sus hijos. Algo así como decía ese gran líder ignorado, Eduardo Duhalde el Malo: “para los ricos el mercado y para los pobres el Estado”.

Dado que el FPV se distingue por una fuerte defensa de lo público y un fortalecimiento de la gestión estatal, ahí estaría el entuerto. Pero ocurre que le han dado esta gestión estatal a un partido como el PRO que tiene su visión de lo público con la que muchos (mayorías circunstanciales pero mayorías al fin) coinciden. Esto es un “espacio público” que coincide con parques, plazas y jardines, veredas… cuestiones municipales que la gran política suele ignorar. La reja tan denostada (con total justicia) es un símbolo de ese espacio “protegido”, resguardado, en el que la familia y el ciudadano podrían hacer uso de su capacidad de ocio sin molestias ni problemas. Mucho ojo con tratar lo público como un “ser” y olvidar que también es un “estar”.

Hay un convencimiento sobre la incapacidad del Estado para mantener abastecidos y funcionando hospitales y sistemas de salud (paradójicamente el SAME, del que se tiene buena imagen en general, también está gerenciado por el Estado). Estado porteño que hoy está dirigido por el PRO, y sin embargo la opinión antiestatal no ha variado lo que en principio sería una contradicción, pero bué (y van…).

En cuanto a escuelas y colegios estatales, se teme a la ola incesantes de huelgas y faltazos de los docentes que, como se sabe, están avalados por un Estatuto que les permite toda clase de tropelías. En este caso, el tema se inscribe en una clara vocación antisindical de buena parte del electorado capitalino, más que en la cuestión del tipo de gestión de que se trate. 

Tampoco me parece esta sea una razón de peso suficiente…

Entonces, más argumentos: “el electorado se deja llevar por cuestiones marketineras y no ve los problemas de fondo”. Lo que digo siempre, son tarados. Las cuestiones de fondo podrían ser los enormes desplazamientos de población sobrante (léase “pobres”) hacia lejanos cordones del conurbano bonaerense; la fuerte presión del negocio inmobiliario; el acrecentamiento sin pausa del endeudamiento de la CABA, siguiendo con muchos importantes etcéteras. 

Los vecinos valorarían obras como el Metrobús que les ahorran minutos preciosos (que pueden significar cobrar el premio por puntualidad/asistencia), por el artilugio de armar carriles exclusivos para los bondis de siempre y llevando las paradas de dos a cinco cuadras.
Los vecinos disfrutan paseando por un Norte bello, Palermo por ejemplo, mientras el Centro y Sur de la Ciudad se degradan sin parar. Cierto, pero pasean por el Norte, se dijo, ¿por qué habrían de pasear por lugares feos? 

Razones, razones, y ninguna que explique…

Vendría a ser que el electorado de la Capital es gorila, veleidoso, una basura de gente… liberales, fascistas. No digo que algo de todo esto no sea parcialmente cierto, pero de ser así absolutamente lo que deberíamos hacer es irnos a otro lado y tratar de aislar a esta manga de hijos de puta para que no contaminen al resto del país. Un elitismo al revés.

Dicho todo esto (y mucho más que el decoro recomienda no escribir, máxime si uno busca juntar voluntades), no podemos ir al electorado con la propuesta de “usted es un hijo de puta, y votarnos sería un buen comienzo para dejar de serlo”.

En primer término, los males existen, no estamos locos. El Estado del neoliberalismo representado por el macrismo ha puesto a la Ciudad en una peligrosa situación. Deuda, falta de controles, corrupción, super negocio inmobiliario, todo eso ocurre y empeora. Ocurre que el macrismo le ha dado respuesta a muchos temas que los porteños reclamaban…

Hizo la Policía Metropolitana, y la gente lo quería. Es cierto que se formó con retazos de la dictadura y mano de obra desocupada de la bonaerense. Es cierto que es brutal, ineficiente y temible si se mete a reprimir la protesta social. Pero los ven por la calle y algo los calma. Encima, haberla  hecho a contramano de la Nación (se fogoneó hasta el cansancio esta “certeza” ) vale como virtud de independencia. La Ciudad amarilla aparece como la maltratada por un kircherismo revanchista que espera que los problemas de seguridad le revienten en la cara al hijo de Goldsilver. El lo resolvió, en lugar de llorisquear porque no le daban los recursos (y bastante berreó). 

Con el quilombo de manos y contramanos, doblemanos y el rediseño del microcentro (que quedó bien), lograron alguna efectividad. 

¿Marketing? Claro que hay, es el gobierno en obra permanente que inaugura lo propio, lo ajeno, lo electoral y todo lo que puede. Lástima que no lo hagamos nosotros. 

Aparte de nuestras ingenuidades (pensar que Mauricio es Macri, como para desenmascarlo y encima suponer que es un inepto que no entiende nada… y la verdad es que nos está sodomizando desde hace siete años), cargamos con un piano por Florida. Digamoslo: la gestión del progresismo aliancista con ser superior en muchos puntos al gobierno actual, fracasó y terminó en tragedia. No es fácil, entonces.

Algunos opinan que hay que parecerse, es decir, tomar un poco de lavandina. Sería un grave error, el original siempre va a ser el neoliberalismo, por más que nos disfrazaramos de turros con compostura no nos sale (y es una suerte). 

Tenemos una nueva oportunidad de comenzar a plantar una fuerza sólida y coherente en la Ciudad. Porque, salvo que ocurra un milagro, no vamos a ganar. 

El kirchnerismo de la Ciudad es heterogéneo, está conformado por el peronismo (con un PJ que supo ser de los que se sentaban al fondo del aula) que va a mejor; por el progresismo experimentado y que aprendió de los errores (propios y ajenos); por retazos de alfonsinistas que no se entregan al aquelarre de la UCR. Una composición sumamente interesante. 

Arrancamos con un piso alto (o que no es bajo). Siempre se dijo, mal y pronto, que la Ciudad era un 30% progre (metían ahí al peronismo), un 30% de derecha convencida y un resto flotante que iba de uno a otro y conformaba mayorías. No veo que haya cambiado demasiado, por más que las circunstancias pendulares le den una mayoría a la derecha. 

Eso si, debemos ser quiénes somos y mostrarnos así. Somos kirchneristas (en general), con un proyecto nacional que fue probado durante doce años y algo tenemos que decir. Digámoslo. Mostremos un programa y una fuerza militante. 

En un tiempo –si no es ahora- podemos pasar de ser la Ciudad amarilla decorada de bicisendas y carriles de metrobús a una Autónoma y a la vez Ciudad Federal de todos los Argentinos. Una Buenos Aires “atendida por sus dueños”.

Edelmiro F.