miércoles, 13 de agosto de 2014

Carrió se está divirtiendo a costa de todos (bis)

(Como me gusta la repostería... reposteo) (cuacuacua!) (esto es del 2011, pero como verán, sigue vigentico)
 
Sino no se entiende. Y si no se entiende... es que no es, diría don Occam con otras palabras.

A ver, alguna pista tenía; esa manía de guiñar el ojo cuando dice algo extremadamente grave. En la película Yo Robot, hacia el minuto 27, el policía (Will Smith) le guiña el ojo a un compañero delante del robot inculpado que está aprendiendo dotes de humanidad. Inquiere el robot a Will Smith sobre el significado de esta señal -guiñar el ojo- y Will Smith le dice "confianza", cosa que entre nos, no explica nada; el guionista no se mató en esta parte de los diálogos. Pero la realidad es que el robot lo aprende como es; es decir, hacia el final de la película, el robot guiña el ojo a Will Smith para ponerlo al tanto de que está diciendo una mentira.

Pensé en un momento que todo se trata de un desengaño amoroso; la gorda amaba al flaco y por despecho hacía y hace lo que hace. De hecho se le escapan de vez en cuando cosas como "yo la quiero a Cristina", etc.  De vez en cuando me viene aún esa absurda idea a la cabeza.

Otra es que es una agente kirchnerista infiltrada en la oposición. La verdad es que si es así, con bastante éxito; ella se ocupó de reventar sus propios espacios cada vez que pudo, incluso sin explicación a veces -como cuando dejó el ARI- y podría decirse que con su abandono del Frente Cívico y Social inauguró la atomización de la oposición cuyo último capítulo es la bajada de Caamaño la golpeadora de la fórmula duhaldista. O haciendo una defensa de Clarín tan centrada en sus peores aspectos -apropiación, Papel Prensa- que sólo puede provocar rechazo, cosa que consigue plenamente.

Pero esta teoría se descarta por un dato fundamental: eso implicaría una complicidad de Cristina en este asunto, o sea, una cierta dosis de maldad que, qué quiere que le diga, para mí está absolutamente ausente en Cristina y Néstor, personas muy inteligentes, decididas, con carácter frontal y algo endemoniado a veces, pero -estoy segurísimo-extremadamente buenas personas.

La clave la encontré en "El cementerio de Praga"; última novela de Umberto Eco. Allí me topé con un personaje, Leo Taxil, quien, como aclara Eco al final de la novela, fue un personaje real. ¿Y quién era Leo Taxil? Un señor masón, quien hacia fines del diecinueve publicaba libros anticlericales; al cabo de unos años abjuró de la masonería y se dedicó durante más de una década a publicar libros en los cuales describía con pelos y señales -y con gran regocijo por parte de la Iglesia- los ritos satánicos y la adoración del diablo que supuestamente practicaba la masonería, alcanzando la culminación con su "obra magna" de 1895 "El diablo en el siglo XIX". Empapelaba a todo el mundo, políticos, periodistas, escritores, etc.

Hacia 1897 organizó un gran acto en un teatro, en el que iba a a hacer una gran revelación. Se juntó un montón de gente, obispos entre ellos. Y la gran revelación fue que... todo había sido una gigantesca broma. Que se había inventado todo, ritos, personajes, acusaciones, satanismo, todo, y que en realidad, él seguía siendo masón. Una parte del teatro quería matarlo, la otra se moría de la risa.

Hay que estar atento a Carrió; a ver cuando hace su gran convocatoria. Cuando confesará. Estamos impacientes.

RH

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

ESTÁ HABILITADA LA MODERACIÓN DE COMENTARIOS.