martes, 26 de agosto de 2014

PIENSO, LUEGO JULIO

Me julia don Julio hoy, cien años después, consciente de que la julidad o Julidad se hace más patenternimente que nunca, esa condición de rectifirieridad, o sea, la caposibilidad de decir o protagonizar "estaba equivocado y ahora intento, apenas, no volver a equivocarme, apostar siempre por el estaría bien en lugar del "está bien", de granito que tan mal está.

Es julia, debería ser julia la julidad. Es lo que don Julio me deja. La infinita apertura, aperturidad. El ver los carteles que hay debajo de los carteles.

Porque lo cierto, lo que debería ser es que todo lo que ocurre está en el medio de una serie de carteles anteriores y los que serán. Todo debe (ría) (juliamente) ser leído en esa clave, la julidad, la intercarteieridad.

Comprender, simplemente que lo que es es consecuencia de lo que fue y a su vez, causa de lo que será.

Don Julio que toma el café, y habla de la desatención. Como ésta, de las 23:24 del año 100.

Don Julio en su estado bebé llegó a ver mundo hace 100 años.

Don Julio me/nos ha hecho entender todo mucho más allá, detrás de la puerta en la continuidad delosparquesdelotrocielo.....

Pienso, luego Julio.

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